Los platos que de verdad importan
Espinacas con garbanzos, de origen andalusí, que piden por igual banqueros y albañiles.
Carrillada, guisada hasta deshacerse. La prueba de fuego de cualquier cocina de aquí.
Pescaíto frito: tan ligero que debería estar prohibido, mejor en cucurucho cerca del río.
Salmorejo, más denso y redondo que el gazpacho, cordobés y adoptado sin complejos.
Jamón ibérico de bellota, cortado fino y nunca muerto de frío.



