Un barrio que nunca fue del todo un barrio
Hasta el siglo XIX no hubo puente fijo. Triana se unía a la ciudad por un puente de barcas, y esa separación lo marcó todo: sus santos, su acento, su orgullo.
De aquí salían los marineros. Muchos de los hombres que cruzaron el Atlántico en el siglo XVI eran trianeros, y el barrio no ha dejado que nadie lo olvide.



